Gases y diarrea después de una gastroenteritis: por qué siguen

Gases y diarrea después de una gastroenteritis: por qué siguen

Publicado el 29 de junio de 2025 · Actualizado el 12 de septiembre de 2026

¿Por qué sigo teniendo gases y diarrea meses después de una gastroenteritis?

La infección se curó hace semanas, pero tu intestino no se ha enterado. Esto es lo que está pasando de verdad, qué más puede ser y qué ayuda.

Dr. Pedro de María Pallarés
Por el Dr. Pedro de María Pallarés Médico Especialista en Aparato Digestivo
~15 min de lectura Basado en evidencia (PubMed) Explicado para pacientes
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Ilustración médica del intestino con gas retenido e inflamación que persiste tras un episodio de gastroenteritis aguda

Tras una gastroenteritis el germen ya no está, pero la inflamación de bajo grado, una microbiota alterada y una pared intestinal más sensible pueden mantener los síntomas durante meses.

Lo esencial

Qué está pasando

  • Alrededor de 1 de cada 10 personas desarrolla síntomas digestivos duraderos tras una gastroenteritis infecciosa.
  • Lo más frecuente no es el intestino irritable clásico. En los datos globales más recientes, la dispepsia funcional era más común que el síndrome de intestino irritable.
  • La infección deja inflamación de bajo grado, una microbiota revuelta y una pared intestinal que percibe como dolor un gas normal.

Qué hacer

  • Descartar a los cuatro impostores: diarrea por ácidos biliares, celiaquía, colitis microscópica y una infección que nunca se fue.
  • La dieta primero, y como prueba con fecha de caducidad, no como forma de comer para siempre.
  • La mayoría mejora. Aproximadamente la mitad se recupera sola en unos años.

¿Es grave? Casi nunca en sí mismo, pero hay un puñado de síntomas que cambian el plan por completo. Consulta las señales de alarma.

Una nota antes de seguir

Este artículo es información general, no un diagnóstico. Síntomas que por fuera parecen idénticos pueden tener causas muy distintas, y eso solo se aclara valorando tu historia y tus pruebas.

Si sigues con gases y diarrea después de una gastroenteritis que parecía haberse curado hace semanas o incluso meses, ni te lo estás imaginando ni eres un caso raro. Es uno de los motivos de consulta más frecuentes que veo, y tiene nombre, mecanismo y, casi siempre, salida. También tiene un puñado de imitadores que se pasan por alto durante años, que es justo la parte que la mayoría de los artículos se salta.

Qué es una recuperación normal y qué no lo es

Los vómitos y lo peor de la diarrea suelen parar en dos o tres días. El revestimiento del intestino, en cambio, tarda bastante más en reconstruirse de lo que tardan los síntomas en calmarse, y durante ese tiempo tu digestión realmente no está funcionando a pleno rendimiento.

En la práctica, el calendario es más o menos este:

  • Días 1 a 7. Heces blandas, retortijones, nada de apetito. Normal.
  • Semanas 1 a 3. El ritmo intestinal sigue siendo impredecible, más gases de lo habitual, y los lácteos y las comidas grasas sientan pesadas. Sigue siendo normal, y suele ser la cola de una pérdida temporal de la enzima que digiere la lactosa.
  • Semanas 3 a 12. Vuelta lenta a la normalidad. Hay quien se recupera en días y quien necesita los tres meses completos. Dentro de lo esperable.
  • Más allá de 3 meses. Aquí está la línea. Los síntomas que siguen presentes a los tres meses ya no son parte de la infección, y ese es el umbral que se usa para diagnosticar un síndrome de intestino irritable postinfeccioso.2

Hay un detalle que importa más de lo que la gente supone: lo que tuviste a menudo no es lo que te dijeron que tenías. «Un virus estomacal» engloba norovirus, Campylobacter, Salmonella, Giardia y una docena más, y el riesgo de que queden síntomas varía enormemente entre unos y otros. Tras una infección bacteriana, alrededor del 13,8 % de las personas desarrolla un intestino irritable. Tras una infección por protozoos o parásitos, la cifra es del 41,9 %, tres veces más.1 Si tu episodio empezó en un viaje, merece la pena perseguir esa distinción, y nuestra guía sobre la diarrea del viajero explica qué buscar.

Por qué siguen los síntomas si el germen ya no está

Esta es la pregunta que más frustra, porque los análisis de heces salen limpios y a la persona le dicen que no tiene nada. Sí tiene algo. Simplemente ya no es una infección. El grupo de trabajo de la Fundación Roma sobre intestino irritable postinfeccioso describió cuatro mecanismos que hoy están razonablemente bien establecidos.2

1. Una inflamación de bajo grado que sobrevive a la infección

Las biopsias tomadas meses después de una gastroenteritis siguen mostrando más células inmunitarias de las que debería haber en el revestimiento intestinal: linfocitos activados, mastocitos pegados a las terminaciones nerviosas y un aumento de las células enteroendocrinas que ayudan a regular el tránsito. No es el tipo de inflamación que se ve en una colonoscopia. Solo es visible al microscopio, y por eso mismo que la exploración se vea normal no significa que no haya pasado nada.

2. Una microbiota descolocada

Una infección aguda, y muchas veces los antibióticos que se dan para tratarla, barajan de nuevo la población bacteriana del colon. Como la mayor parte del gas intestinal la producen esas bacterias al fermentar los hidratos de carbono que llegan al colon sin digerir, una población distinta significa una producción de gas distinta. Conviene saber que la exposición a antibióticos alrededor de la infección es en sí misma un factor de riesgo independiente para desarrollar después un intestino irritable, y aumenta las probabilidades alrededor de un 70 %.1 Si tus síntomas empezaron con una tanda de antibióticos más que con el propio bicho, te interesa nuestro artículo sobre la diarrea por antibióticos.

3. Un intestino que ha subido el volumen

Este es el que mejor explica la hinchazón. La inflamación sensibiliza las terminaciones nerviosas de la pared intestinal, algo que se llama hipersensibilidad visceral. El resultado es que un volumen de gas completamente normal, el mismo que llevabas dentro antes de ponerte malo y que nunca notaste, ahora se registra como presión, distensión y dolor. Las mediciones lo confirman: las personas con hinchazón suelen tener cantidades normales de gas y una percepción anormal de él.8 Si ese es tu síntoma dominante, profundizamos en ello en nuestras guías sobre la hinchazón abdominal y sobre los gases intestinales.

4. Una conversación alterada entre intestino y cerebro

El intestino y el sistema nervioso central intercambian señales continuamente, y una infección interrumpe ese tráfico en ambas direcciones. Por eso también el malestar psicológico en el momento de la enfermedad es uno de los predictores más potentes de lo que pasará después. La ansiedad alrededor del episodio agudo aproximadamente duplica el riesgo de que queden síntomas, y una puntuación somática alta lo multiplica por cuatro.1 Nada de esto significa que los síntomas sean inventados. Significa que el sistema que regula la ganancia de la sensación intestinal también se vio afectado, algo que explicamos con más detalle en nuestro artículo sobre el eje intestino-cerebro. Bajo el nuevo marco de Roma V, publicado en 2026, estos cuadros se clasifican precisamente como trastornos de la interacción intestino-cerebro, porque el problema está en esa señalización de doble sentido y no en un único órgano.7

¿Cómo de frecuente es esto en realidad?

La mayor síntesis de la evidencia reunió 45 estudios y más de 21.000 personas que habían pasado una gastroenteritis infecciosa.1 Las cifras de abajo salen de ese análisis y de dos cohortes de brotes seguidas durante años, que es lo más parecido que tenemos a ver esto ocurrir en tiempo real.

10,1 %desarrolla intestino irritable en los 12 meses siguientes
4,2×más riesgo que quienes no pasaron la infección
41,9 %tras un parásito, frente al 13,8 % tras una bacteria
15,4 %sigue afectado a los 8 años, desde el 28,3 % a los 2-3 años

Hay dos hallazgos que merecen más atención de la que suelen recibir.

El primero es que esto no va solo de intestino irritable. El Estudio Global de Epidemiología de la Fundación Roma, publicado en 2026 con más de 54.000 personas de 26 países, encontró que alrededor de 1 de cada 10 personas con un trastorno de la interacción intestino-cerebro podía rastrearlo hasta un episodio de gastroenteritis. Y entre ellas, el patrón más frecuente no era el intestino irritable, sino la dispepsia funcional, con un 32,2 %, por delante del intestino irritable con un 23,5 %.3 Encaja con otro metaanálisis que muestra que alrededor del 9,6 % de las personas desarrolla síntomas digestivos altos persistentes tras una gastroenteritis, con unas dos veces y media el riesgo de los controles.6 Así que si tu queja principal después del bicho es llenarte con cuatro bocados, ardor en la boca del estómago o náuseas en lugar de diarrea, eso es un desenlace reconocido con su propio abordaje, no una etiqueta vaga.

El segundo es que el desencadenante importa muchísimo. En Bergen, Noruega, un brote de Giardia contaminó el suministro de agua en 2004 y se siguió a los vecinos afectados durante una década. Diez años después, el 43 % seguía cumpliendo criterios de intestino irritable frente al 14 % de los controles emparejados, y la cifra apenas se había movido entre el año seis y el diez.5 En cambio, en Walkerton, Canadá, donde el brote fue bacteriano, la tasa cayó del 28,3 % a los dos o tres años al 15,4 % a los ocho.4 Un parásito deja una huella más profunda que una bacteria, y las dos dejan más huella que un virus.

La covid también entra en esta conversación. Un metaanálisis de 13 estudios encontró intestino irritable postinfeccioso en alrededor del 7,2 % de las personas tras la covid frente al 4,9 % de los controles, aunque con intervalos de confianza amplios y certeza baja.21 Una cohorte multicéntrica siguió a sus pacientes durante un año y vio que el pequeño grupo que desarrolló un trastorno intestino-cerebro pos-covid, alrededor del 4,5 %, empeoró de forma sostenida durante esos doce meses mientras el resto mejoraba.22 Es un fenómeno real, pero menos frecuente de lo que sugiere internet.

No siempre es intestino irritable postinfeccioso: los cuatro impostores

Esta es la parte que más me importa, porque el intestino irritable postinfeccioso es un diagnóstico que se reparte deprisa y luego ya nadie revisa. La gastroenteritis es lo bastante común como para coincidir con otra cosa, o para destaparla. Cuatro cuadros explican la mayoría de los que encuentro.

Diarrea por ácidos biliares

Los ácidos biliares deberían reabsorberse al final del intestino delgado. Cuando ese proceso se altera, pasan al colon, donde actúan como un laxante potente. Es mucho más frecuente de lo que a los pacientes se les suele contar: los datos agrupados muestran malabsorción de ácidos biliares en alrededor del 28 % de las personas que llevan el diagnóstico de intestino irritable con predominio de diarrea.14 Las pistas son heces urgentes, líquidas, a menudo amarillentas o pálidas, con frecuencia en la hora siguiente a comer y muy típicamente a primera hora de la mañana, a veces con una urgencia que condiciona a dónde está dispuesta a ir la persona. Importa porque el tratamiento es específico y suele funcionar rápido: un secuestrador de ácidos biliares, cuya eficacia confirmó un metaanálisis de 2025.15 Nada del arsenal habitual del intestino irritable toca esto.

Una celiaquía que por fin se manifiesta

La enfermedad celíaca puede pasar años callada y declararse después de un estrés fisiológico como una infección. Entre las personas que consultan con síntomas compatibles con intestino irritable, la prevalencia agrupada de celiaquía confirmada por biopsia ronda el 4 %, unas cuatro veces la tasa de fondo, y por eso la serología pertenece a la primera tanda de pruebas y no a la quinta.17 Una trampa práctica: tienes que seguir comiendo gluten cuando se saca el análisis, porque si no puede salir falsamente negativo. Nuestra guía sobre novedades en enfermedad celíaca repasa la secuencia de pruebas.

Colitis microscópica

Diarrea acuosa, muchas veces varias veces al día y a veces despertando por la noche, en un colon que en la colonoscopia se ve completamente normal. El diagnóstico solo existe al microscopio, así que se escapa salvo que se tomen biopsias a propósito de una mucosa de aspecto sano. Es más frecuente por encima de los 50 años, sobre todo en mujeres, y se asocia a varios fármacos de uso muy extendido. Lo desarrollamos en nuestra guía sobre la colitis microscópica.

La infección que en realidad nunca se fue

Giardia es la culpable clásica, porque una sola muestra de heces la pasa por alto con frecuencia y los síntomas de la giardiasis crónica son indistinguibles de un intestino irritable postinfeccioso. Clostridioides difficile es la otra, sobre todo si el episodio original se trató con antibióticos; produce una diarrea acuosa característica que puede recaer semanas después de un tratamiento aparentemente exitoso, y lo tratamos aparte en nuestro artículo sobre el C. difficile. Las dos se curan. Ninguna responde a una dieta baja en FODMAP.

El punto práctico

El intestino irritable postinfeccioso es un diagnóstico de exclusión, no una primera sospecha. Si te pusieron la etiqueta sin una analítica, una serología de celiaquía y una calprotectina en heces, la etiqueta todavía no está ganada.

Señales de alarma: consulta en vez de esperar

Estos no son rasgos del intestino irritable postinfeccioso. Cualquiera de ellos significa que la situación hay que valorarla, no vigilarla.

  • Sangre en las heces, o heces negras y pegajosas. Nunca lo atribuyas a una infección pasada. Consulta sangre en las heces.
  • Pérdida de peso involuntaria, sobre todo por encima del 5 % de tu peso.
  • Diarrea que te despierta por la noche. Los síntomas funcionales, característicamente, te dejan dormir.
  • Fiebre, o vómitos persistentes, semanas después del episodio agudo.
  • Anemia, o un déficit de hierro nuevo en la analítica.
  • Inicio a partir de los 45 o 50 años sin antecedentes previos de intestino sensible.
  • Antecedentes familiares de cáncer de colon, enfermedad inflamatoria intestinal o celiaquía.
  • Síntomas progresivos. El intestino irritable postinfeccioso fluctúa y mejora despacio. Un empeoramiento sostenido es otra historia.

Qué pruebas merecen la pena de verdad

El objetivo no es hacerlo todo. Es descartar el puñado de cuadros tratables que si no se buscan se escapan, y luego parar. Tanto el Colegio Americano de Gastroenterología como la Sociedad Británica de Gastroenterología recomiendan un panel deliberadamente corto para esta situación.910

Valoración inicial de gases y diarrea persistentes tras una gastroenteritis
PruebaPara qué sirve¿Merece la pena?
Hemograma, ferritina, PCRAnemia, déficit de hierro, inflamaciónSí, en todo el mundo
Serología de celiaquía (anti-tTG IgA más IgA total)Celiaquía, cuatro veces más frecuente en este grupoSí, en todos, y comiendo gluten
Calprotectina fecalSepara enfermedad inflamatoria intestinal de un trastorno funcionalSí. Un resultado normal hace muy improbable la EII
Parásitos en heces y C. difficileUna infección que nunca se erradicóSí si hubo viaje, exposición o antibióticos previos
Función tiroideaUn tiroides acelerado que imita este cuadroRazonable, es barata y de vez en cuando sale
Estudio de ácidos biliares, o prueba terapéuticaDiarrea por ácidos biliares, en torno a una cuarta parte del SII-DSí si la diarrea es urgente, acuosa y posprandial
ColonoscopiaEnfermedad estructural, y biopsias para colitis microscópicaSolo con señales de alarma, más de 45-50 años o calprotectina alta
Paneles IgG de intolerancia alimentariaNada. No identifican intoleranciasNo. Ninguna guía los recomienda

Un apunte sobre la calprotectina, porque es la prueba que ahorra más colonoscopias. Agrupando 17 estudios, tiene una sensibilidad de alrededor del 86 % y una especificidad del 92 % para distinguir enfermedad inflamatoria intestinal de intestino irritable. Con la prevalencia de EII que se ve en este contexto, un resultado normal tiene un valor predictivo negativo del 99,8 %, que es prácticamente lo máximo que puede tranquilizar una prueba no invasiva. La misma aritmética funciona al revés: un resultado ligeramente elevado es mucho más a menudo una falsa alarma que un Crohn, así que hay que interpretarlo en vez de asustarse.16

Qué funciona de verdad

No hay ningún fármaco aprobado específicamente para el intestino irritable postinfeccioso, y la Fundación Roma fue explícita en que ninguna estrategia farmacológica se ha demostrado para él como entidad propia.2 Lo que sí tenemos es buena evidencia del intestino irritable en general, aplicada al síntoma que más te moleste. Ordenado por lo mucho que me apoyo en cada cosa:

La dieta, como experimento con fecha límite

Una dieta baja en FODMAP reduce los hidratos de carbono fermentables que llegan al colon, que es exactamente donde se fabrica el gas. En un metaanálisis en red de 13 ensayos aleatorizados quedó primera para los síntomas globales y, de forma notable, fue la única intervención superior al consejo dietético estándar específicamente para hinchazón y distensión.11 Un metaanálisis en red más grande, de 2025 y con 28 ensayos, confirmó que sigue estando entre las opciones más eficaces y que es la única claramente superior a la dieta habitual para la hinchazón, y mostró además que una dieta reducida en almidón y sacarosa funcionó bien para los síntomas globales en los dos ensayos que la probaron.12

Dos matices que importan más que el ranking. Primero, es una prueba diagnóstica de cuatro a seis semanas seguida de una reintroducción ordenada, no una forma de comer permanente; mantenerla indefinidamente estrecha la dieta y empobrece la microbiota. Segundo, es genuinamente difícil de hacer bien sin un dietista, y mal hecha da toda la restricción y ninguno de los beneficios.

Tratar la causa concreta que hayas encontrado

Si el estudio identificó una diarrea por ácidos biliares, el tratamiento es un secuestrador y a menudo funciona en días.15 Si identificó una celiaquía, el tratamiento es la dieta sin gluten. Si identificó una giardiasis persistente, un antiparasitario. Este es el mejor argumento para hacer bien las pruebas desde el principio. Una minoría nada despreciable de las personas que llevan la etiqueta de intestino irritable postinfeccioso tiene en realidad algo concreto y tratable, y nada de eso se ve si no se busca.

Neuromoduladores, cuando el problema es el dolor

Los tricíclicos a dosis bajas son la familia de fármacos con mejor evidencia aquí, y no se recetan como antidepresivos. A estas dosis actúan sobre la señalización del dolor intestinal y enlentecen el tránsito, lo que viene bien cuando predomina la diarrea. ATLANTIS, el mayor ensayo con un tricíclico jamás realizado en intestino irritable, aleatorizó a 463 pacientes en atención primaria y encontró que la amitriptilina a dosis baja era claramente superior al placebo a los seis meses, segura y bien tolerada.18 Un metaanálisis en red de 2026 con 68 ensayos situó a los tricíclicos segundos entre todos los neuromoduladores y terapias conductuales, siendo honesto sobre que la certeza de la evidencia es baja en la mayoría de las comparaciones.19

Terapia conductual dirigida al intestino

La hipnoterapia dirigida al intestino y la terapia cognitivo-conductual superaron al control en ese mismo análisis de 2026.19 No se ofrecen porque el problema sea psicológico. Se ofrecen porque bajan de forma demostrable la hipersensibilidad visceral, que es el mecanismo que genera el síntoma. El obstáculo práctico es el acceso, no la evidencia.

Rifaximina, en un papel estrecho

Un antibiótico que casi no se absorbe y se queda en el intestino. En los ensayos TARGET, dos semanas de rifaximina dieron un alivio adecuado de los síntomas globales y de la hinchazón en bastantes más pacientes que el placebo.20 El efecto es real pero modesto, el beneficio se diluye en los meses siguientes, y es una opción de segunda línea para casos seleccionados, no un paso rutinario. Desde luego no es una razón para tomar tandas repetidas de antibióticos corrientes, que fueron parte del problema para empezar.

Cómo de sólida es la evidencia de cada opción
OpciónMejor paraEvidencia
Dieta baja en FODMAP, con reintroducciónHinchazón, gases, síntomas globalesFuerte. Primera para hinchazón en dos metaanálisis en red
Tratar la causa concreta encontradaA quien la tengaFuerte, y curativa cuando aplica
Tricíclico a dosis bajaDolor, con diarreaFuerte para el SII en general, de un gran ensayo en primaria
Hipnoterapia dirigida o terapia cognitivo-conductualDolor, hipersensibilidad, calidad de vidaModerada, limitada sobre todo por disponibilidad
RifaximinaHinchazón en SII sin estreñimientoModerada, efecto modesto, segunda línea
Aceite de menta, espasmolíticosRetortijonesModesta pero segura, razonable probar pronto
ProbióticosSe venden para todoDébil. La AGA recomienda no usarlos fuera de ensayo
Carbón activadoSe vende para los gasesSin evidencia convincente de beneficio

Cinco cosas que probablemente te han dicho y no son ciertas

«Las pruebas están bien, así que son nervios». Las pruebas normales descartan las causas peligrosas. No descartan un problema real y medible: las biopsias meses después siguen mostrando activación inmunitaria, y la sensibilidad del intestino al gas normal está genuinamente alterada.2
«Toma probióticos, te restaurarán la flora». La AGA revisó los ensayos y recomendó no usar probióticos en el intestino irritable fuera de un ensayo clínico, porque los estudios son pequeños y usan cepas distintas.13 Cuatro semanas de prueba no hacen daño; meses de ensayo y error son una distracción. Más en nuestra guía sobre probióticos.
«Necesitas otra tanda de antibióticos para limpiarlo». Salvo que se haya identificado un germen concreto, no. La exposición a antibióticos alrededor de la infección aumenta alrededor de un 70 % las probabilidades de desarrollar después un intestino irritable.1 La rifaximina es un caso distinto y específico del intestino.
«Quédate con la dieta baja en FODMAP para siempre». Está diseñada como una prueba de cuatro a seis semanas seguida de reintroducción ordenada. Las guías son explícitas en que la fase restrictiva debe estar limitada en el tiempo y supervisada.10
«Un panel IgG de intolerancias encontrará al culpable». Los anticuerpos IgG frente a alimentos reflejan exposición, no intolerancia. Ninguna guía importante respalda estos paneles y lo habitual es que lleven a restricciones dietéticas innecesarias e inútiles.9 Lo que sí existe lo explicamos en intolerancias alimentarias.
«Si lleva tanto tiempo, ya es para siempre». Lo contrario se acerca más a la verdad. En la cohorte de Walkerton la proporción de afectados casi se redujo a la mitad entre el año tres y el año ocho sin ningún tratamiento específico.4

¿Se va a curar?

Habitualmente sí, aunque más despacio de lo que a nadie le gustaría. El Estudio de Salud de Walkerton es la fuente más informativa que tenemos, porque siguió a un pueblo entero que compartió la misma exposición el mismo día. Entre quienes pasaron la gastroenteritis aguda durante el brote, la prevalencia de intestino irritable bajó del 28,3 % a los dos o tres años al 15,4 % a los ocho años. Siguió siendo unas tres veces más alta que en los vecinos que se libraron de la infección, pero aproximadamente la mitad de los afectados se había recuperado.4

El contrapeso es Bergen, donde el desencadenante fue Giardia: el 43 % seguía con síntomas a los diez años, prácticamente igual que en el año seis.5 Si esto empezó con un parásito, cuenta con un camino más largo y con un umbral más bajo para tratar activamente en lugar de esperar a ver.

Lo que inclina la balanza a tu favor no tiene misterio: identificar y tratar una causa concreta si la hay, hacer una fase dietética supervisada en vez de improvisada, atender el sueño y el estrés porque regulan la ganancia de la sensación intestinal, y no encadenar suplementos indefinidamente mientras el diagnóstico real sigue sin mirarse.

Cómo lo abordo en consulta

La primera consulta es sobre todo escuchar, porque el patrón de los síntomas me dice más que cualquier prueba aislada. Heces urgentes y líquidas en la hora siguiente a comer apuntan a un sitio. Llenarse con tres bocados apunta a otro. La diarrea nocturna apunta a un lugar completamente distinto y cambia el plan en el acto.

Después, un panel corto y deliberado en vez de una escopeta: analítica, serología de celiaquía, calprotectina y estudio de heces si la historia lo justifica. Prefiero descartar a los cuatro impostores en una sola tanda que tranquilizar a alguien dos veces y equivocarme a la tercera. La colonoscopia queda reservada para quien de verdad la necesita por su historia o sus resultados, y cuando la hago en alguien con diarrea acuosa tomo biopsias de mucosa de aspecto normal, porque la colitis microscópica no se ve de otra forma. Si quieres entender qué dice un informe que ya tienes en la mano, tenemos una guía para interpretar tu informe de endoscopia.

Y entonces tratamos el mecanismo que hayamos encontrado, con un plan que lleva fecha de revisión incorporada. La mayoría de la gente está sustancialmente mejor en tres a seis meses. Para la diarrea persistente con gases en concreto, el abordaje que sigo está detallado en cómo trato la diarrea y los gases continuos en el SII-D, y el panorama general está en nuestras páginas sobre el síndrome de intestino irritable y la diarrea crónica.

¿Llevas más de tres meses así?

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Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo es normal tener gases y diarrea después de una gastroenteritis?

La mayoría de la gente recupera su ritmo intestinal habitual en una o dos semanas. Que queden heces algo más blandas, más gases de lo normal y peor tolerancia a ciertos alimentos durante tres a seis semanas es frecuente y sigue formando parte de una recuperación normal. Cuando los síntomas continúan más allá de los tres meses ya no son parte de la infección y merecen que alguien los mire en serio. Ese es justamente el umbral a partir del cual se plantea el diagnóstico de síndrome de intestino irritable postinfeccioso.

¿Necesito una colonoscopia por tener gases y diarrea después de una gastroenteritis?

En la mayoría de los adultos jóvenes sin señales de alarma, no. Una analítica corta, la serología de celiaquía y una calprotectina en heces suelen resolver la duda, porque una calprotectina normal hace muy improbable una enfermedad inflamatoria intestinal. La colonoscopia pasa a ser la prueba adecuada si hay sangre en las heces, pérdida de peso, anemia, diarrea que te despierta por la noche, inicio después de los 45 o 50 años, una calprotectina elevada o antecedentes familiares de cáncer de colon o enfermedad inflamatoria intestinal. La diarrea acuosa por encima de los 50 años también merece biopsias para descartar una colitis microscópica, que a simple vista no se ve.

¿Merece la pena tomar probióticos después de una gastroenteritis?

La respuesta honesta es que la evidencia es mucho más débil que el marketing. La Asociación Americana de Gastroenterología revisó los ensayos y recomendó no usar probióticos en el síndrome de intestino irritable fuera de un ensayo clínico, porque los estudios son pequeños, usan cepas distintas y rara vez coinciden entre sí. Son seguros en personas sanas, así que probar cuatro semanas con un producto bien etiquetado es razonable si te apetece intentarlo. Lo que no es razonable es pasarse meses y bastante dinero encadenando un producto tras otro mientras la causa real sigue sin estudiarse.

¿El síndrome de intestino irritable postinfeccioso se cura?

En la mayoría de los casos se va apagando. En la cohorte de Walkerton, que siguió a todo un pueblo tras un brote por agua contaminada, la proporción de personas con síndrome de intestino irritable bajó del 28,3 por ciento a los dos o tres años al 15,4 por ciento a los ocho años, es decir que aproximadamente la mitad se recuperó por su cuenta en ese periodo. La recuperación es más lenta cuando el desencadenante fue un parásito como Giardia, donde el 43 por ciento seguía con síntomas una década después. El mensaje práctico es que el tiempo juega a tu favor, pero esperar sin hacer nada no es un tratamiento.

Referencias

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Retrato del Dr. Pedro de María Pallarés

Dr. Pedro de María Pallarés

Médico Especialista en Aparato Digestivo • Experto en Endoscopia Avanzada

Hospital Universitario La Paz • INMEQ

Premio TopDoctors Awards 2024 • Miembro de SEPD, SEED y ESGE

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